Tierra firme

Al anciano le asalta otra vez el recuerdo de siempre, uno persistente que ya no duele. Hace otra cosa dentro. El hijo que rascando el suelo espera de vuelta  la imagen del hermano desaparecido. Un rasca y gana que no lleva premio.

El anciano aún recuerda con nitidez el día que los dos hijos salieron juntos pero solo regresó uno. No hubo más remedio que culpar al que volvió con los ojos demasiado abiertos y las manos vacías. El mismo  que conserva en su memoria arañando el suelo .

Aquel día todo marchaba bien hasta que comenzó a llover. Una tormenta de verano  subió a los niños del barrio en bandada hasta sus pisos altos, para contemplarla desde la azotea y beber su agua. Todo en orden hasta que solo uno  de ellos se posó en la puerta de entrada y nunca pudo aportar datos a la policía. Cuándo, no sé. Cómo, no sé. Por qué, tampoco. Nada útil para iniciar la búsqueda. Como si nunca hubieran estado juntos. Ni  rastro.  Bebidos por la tormenta.

El anciano repasa cada hora de aquel día una y otra vez. Se lamenta por no haber hecho las preguntas adecuadas al  hijo vivo . Siente la calma del frío en la memoria y regresa a la estampa de aquel día. El hijo no quiere moverse porque el agua del charco hace de espejo y le trae de vuelta a su hermano. Si pierde la postura, el hermano tiembla y parece que quiere irse. Duda de que le queden palabras para que el hermano vuelva.

El barrio, conmocionado, sale a la calle en busca de respuestas  y va tocando las puertas, golpeando timbres , inundando las calles de un ruido sordo que solo llega a los barrios contiguos días más tarde.

Los otros chicos creen haber visto algo, pero pequeño, tan pequeño  que entre todos terminan componiendo una historia trágica que , con seguridad, no guarda ningún parecido con lo sucedido.

Al anciano ya no le duele detenerse en los detalles . El dedo índice del hijo va haciendo pequeños surcos en el asfalto. Las leves acumulaciones de agua sucia alrededor de agujero incipiente, la nariz arrugada del niño que no ve fin en su labor de huida por el túnel que ha comenzado. Permanece lo más quieto posible y solo se atreve a mover ese dedo excavador. Cree que así tocará al hermano y lo traerá de vuelta a tierra firme.

Ilustración de Elizabeth Rodríguez Checa

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